jueves, 20 de enero de 2011

Mi congoja...

Ayer me las hacia muy feliz.
Feliz hasta que fui a recoger al enano a la escuela infantil. Según salían los niños las profes contaban su día a día, “bien muy bien, con su mantita ha dormido muy buena siesta” “hoy genial, algo de mocos, pero mucho mejor que estos días, va remontando la semana”….hasta que salio J. La cara de la cuidadora le cambio, y lo primero que soltó fue un mal, hoy J fatal…..en un principio pensé que un virus mutante había inundado absolutamente su cuerpo de 12 Kg, así que ya tenia que ser grande el bicho en cuestión. Pero no, no era eso. Había vuelto a pegar, y esta vez era serio. El mordisco que le había pegado a un compañero en el moflete, había sido de los grandes, no sé si era una exageración, pero según su cuidadora (a la que considero una gran profesional, y que te dice las cosas como son) me dijo que no lo podían separar del niño en cuestión, y que casi le arranca un trozo del moflete. Le había hecho hasta sangre. Esta vez había ido demasiado lejos, normalmente pega (juntar las palabras normal y pegar me hace daño a los ojos) pero esta vez había sido demasiado. ¿Y que le habrá hecho tan grave el niño para que J se haya tirado sobre el como un rotweiller? Nada, absolutamente nada, o dicho de otro modo, le había cogido un juguete. Y si, para un niño de 15 meses, un juguete lo puede ser todo (o no, si tenemos en cuenta que si ve otro que le llama más la atención abandona el primero sin ningún tipo de remordimiento), pero debería de estar más que acostumbrado a que le quiten los juguetes, y más en su cole que sabe que siempre están los mismos 12 niños con los mismos juguetes que les ofrecen para todos sus profesoras.   
Mi reacción en ese momento (y después) fue la de desesperación, me entro una congoja por todo el cuerpo que se me saltaron las lagrimas, y mi primera pregunta a la cuidadora de J, fue, ¿que estoy haciendo mal?, según ella nada, J es un niño de 15 meses con mucha fuerza, y mucha destreza, para bien o para mal, se apodera de los demás niños, incluso mayores que él. Y él es consciente de su poderío, y lo aprovecha. Digamos que a sus 15 meses es un matón (esto lo he añadido yo, me lo llega a decir su cuidadora, y me hubiera desplomado allí mismo). En su cole le van a poner limites, cuando hace algo así lo separan del resto y él pobrecito está un rato castigado en el rincón de pensar, viendo a los demás niños jugar, pero sin poder participar él. Espero que eso les funcione en el cole, pero estoy totalmente perdida en este tema, y confío en su cuidadora que lleva más de 20 años trabajando con niños. ¿Pero y en casa? ¿Cómo abordo esta situación?, como impide que le pegue a su primo 4 meses mayor que él (el cual ya ha recibido más de una vez) o a su prima que solo tiene 3 meses? Y lo que es peor, ¿Qué hago cuando esto ocurra? Hasta ahora le regaño, pero en cuanto algo no le cuadra ya ha sacado la mano a pasear otra vez…
En fin que desde ayer tengo una congoja por dentro que no me deja concentrarme en nada….y lo que es peor tampoco sé como abordar esta situación….

viernes, 17 de diciembre de 2010

¿Principios?


Antes de ser madre, la vida me parecía complicada, y sencilla a la vez.
Bastaba con aplicar el siguiente razonamiento " Las cosas tienen la importancia que se les quiera dar”. A partir de ahí, dependiendo  del estado de animo con el que te encuentres, la alineación de los planetas y unas cuantas variables más, podía ser más o menos impredecible la manera en la que me iba a tomar las cosas. Pero los días iban pasando y ti creías tenerlo todo más o menos controlado.
Desde que soy madre todo ha cambiado, ha cambiado muchísimo, no es solo que mi escala de valores haya cambiado, que es una de las frases que mas oyes mientras estas embarazada, es que mis valores se reducen básicamente a una frase “por mi hijo mato”.
El universo entero gira alrededor de él (aquí no hay alineación de los planetas que valga), quiero lo mejor para él, quiero estar todo el tiempo con él, y no quiero equivocarme en nada relacionado con él. Te surgen miedos, dudas, inquietudes….aquí no vale afrontar las cosas como vengan, aquí las cosas si que tienen unas consecuencias, y esas consecuencias afectan directamente a tu hijo. Aquí lo principal, supongo que es estar segura de ti misma, y tener unos principios, y a ser posible que sean lo más parecidos a los de tu pareja (soy de la opinión de que papi y mami al 50%). Luego el tiempo y la personalidad de de tu hijo, ya irán haciendo que tires la mayoría de los principios por tierra.